En una obra que es seminal para los que nos dedicamos a la sociología de la alimentación, The Meal Experience, de Campbell-Smith, se dibujaba el comer en un restaurante como la experiencia teatral con la comida. Esto no ha hecho más que continuar en este sentido y hoy podemos asistir al hecho del nacimiento de grandes restaurantes en lo que antes fueron teatros y cines. Valga como botón de muestra, el nuevo macrolocal restaurador en la plaza madrileña de Colón.

La teatralización se ha trasladado a los centros de distribución. Muchas tiendas de alimentos se han convertido en escenarios protagonizados por frutas, verduras o carnes. Algunos clásicos almacenes son famosos por su espectacular representación de la oferta alimentaria. Piénsese, por ejemplo, en los grandes almacenes londinenses.

Nuestros tradicionales mercados han mantenido durante muchos años cierto sentido del espectáculo: desde el comerciante, hasta su manera de presentar el producto. No obstante, hoy, algunos de estos mercados han acentuado aún más ese sentido del espectáculo, convirtiéndose en un especial escaparate para los visitantes de la ciudad, desde La Boquería en Barcelona, a San Miguel o San Antón en Madrid.

En aquellos productos que, como el vino, requieren elaboración, los supuestos lugares donde ésta se lleva o se ha llevado a cabo se han constituido en una especie de templos para un turismo especializado. Bodegas que son de obligada visita en ciudades o regiones muy vinculadas a una denominación de origen. Arquitecturas para bodegas –y sus entornos hoteleros- que pasan a formar parte de los catálogos de diseño moderno.

Es el turno de la espectacularización de la producción. Tiene sus dificultades para realizarla en directo y convertir en acontecimiento lo que ahora queda como simples tareas agrícolas. Parece difícil pensar en que los inicios de la siembra o de la cosecha sean seguidos in situ por un patio de butacas. Pero para salvar esta dificultad está internet y, por ejemplo, publicar cuándo se siembra o recoge un determinado producto, o cuando se limpia la tierra, o el propio proceso de crecimiento de la explotación. Los consumidores podrán, así, identificarse más fácilmente con el producto, al seguir su evolución de cerca. Ser, a la vez, testigos y visuales protectores de un producto que está destinado a ser su producto.

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