Imagináis la capacidad de réplica de un tuit en el timeline de un gurú de las redes sociales que diga “En fabricar el último pantalón Levis que llevas puesto se han gastado #10000litrosdeagua”? Y qué pasaría si la redacción de dicho tuit coincide en el tiempo con una sequía como la que soportan desde hace diez años en California? Y qué pasaría en el imaginario de quienes no han experimentado nunca la cotidianidad de abrir un grifo y que salga agua? Y qué mensajes apresurados y políticamente correctos lanzarían desde sus púlpitos los guardianes del agua que trabajan en organismos internacionales?

La huella hídrica, un concepto introducido y definido por el profesor Arjen Y. Hoekstra, de la Universidad de Twente (Países Bajos), como el volumen total de agua dulce necesaria para producir los bienes y servicios consumidos por las personas de un país, lleva camino de convertirse en un revulsivo para una gestión más eficiente del agua y, como consecuencia, en una poderosa herramienta de marketing para las empresas y las marcas.

El próximo 2 de junio se cumplen dos años desde que la Organización Internacional de Normalización (ISO) aprobó la primera norma internacional sobre la huella del agua, la ISO 14046, que establece los principios, requisitos y directrices para una correcta evaluación de la huella del agua de productos, procesos y organizaciones, a partir del análisis de su ciclo de vida.

El principal objetivo de esta norma es evaluar los impactos ambientales de las actividades de las organizaciones sobre el agua, con la pretensión de favorecer la gestión de un recurso que, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), si no se trata con políticas más eficientes, en el año 2030 casi la mitad de la población mundial podría sufrir escasez.

Pocos días después de publicarse la ISO 14046, Acciona informaba en una nota de Prensa que había sido distinguida con el Premio Europeo de Medio Ambiente en la categoría de Producto o servicio para el desarrollo sostenible. En dicha nota, la compañía, además de explicar su compromiso con la preservación de los recursos hídricos, resaltaba que había mejorado su huella hídrica un 32%, gracias a su mayor aportación a la depuración, desalinización y potabilización de agua en relación a sus consumos y vertidos.

También añadía que en 2013 el balance fue claramente favorable para el medio ambiente, con una huella hídrica positiva para el planeta de 562 hm3, equivalente al consumo anual de siete millones de personas. En el mismo comunicado también informaba de que en 2013 el 30% del agua que la compañía consumió era reciclada, reutilizada o recogida de la lluvia.

La utilización de la huella hidríca como capital simbólico por parte de las empresas en sus mensajes al exterior, está siendo una práctica cada vez más habitual. Muchas de ellas han elaborado protocolos que les ayudan a medir dicha huella y a reducir el impacto del uso del agua en los procesos productivos.

En algunos casos, como el de Nestlé, la implicación de la compañía es tal que hasta su presidente, Peter Brabeck, ha creado un blog sobre recursos hídricos. Esta multinacional ha convertido la planta que tiene instalada en la localidad cántabra de La Pinilla en un referente de eficiencia hídrica para el resto de fábricas. Así, le gusta presumir de que en un año ha reducido en más de un 60% el consumo de agua por tonelada de producto, pasando de 72 a 28,5 metros cúbicos. Un ahorro que la compañía cifra en el equivalente a 1.240 piscinas olímpicas. Coca Cola, Mahou, L’Oreal, Nestlé, Heineken o H&M son algunas de las marcas que han hecho bandera de la huella hídrica como elemento diferenciador de sus competidores.

La multinacional L`Oreal también utiliza la huella hídrica para afianzar su imagen de responsabilidad con el medio ambiente entre los consumidores. Uno de los últimos mensajes lanzados desde su departamento de marketing es que trabaja en la reformulación de sus champús para ahorrar seis litros de agua en el aclarado. Es decir, que sólo se necesite un litro, frente a los siete actuales.

España, líder en la gestión eficiente del agua, ha sido uno de los primeros países en introducir la huella hídrica en los planes de las cuencas hidrográficas. Este hecho ha permitido concluir que en algunas cuencas se necesitan cantidades muy elevadas de agua para producir cultivos de muy bajo valor económico. Al menos, así lo señala la investigadora Maite Aldaya.

Al calor de la nueva norma, el Instituto Tecnológico Metalmecánico (AIMME) ha puesto en marcha un servicio de cálculo de huella hídrica dirigido a empresas y organismos. Se trata de un nuevo servicio para conocer el agua consumida directa o indirectamente en cada uno de sus procesos. Aimme es una asociación privada a la que pertenecen más de 400 empresas del sector de transformados del metal.

Este extraño maridaje entre agua y metales me lleva a hacer una pregunta: no sería mas natural que el calculo de la huella hídrica lo liderasen asociaciones integradoras de empreas de agua, como AEAS o AGA? . Lo que parece claro es que las huellas hídricas están ya instaladas en la conciencia ecológica de la sociedad global, por lo que en un corto espacio de tiempo todos los productos llevarán impresos en sus etiquetas los litros de agua que han sido necesarios para su fabricación.

Aunque sólidas en lo formal, las huellas líquidas pertenecen a la modernidad líquida de la que habla el filósofo Zygmunt Bauman. Y surfean en el agua, que es el líquido de la vida.

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